ARTE: escuchar, leer, no sufrir, cocinar, mirar, dejarse convencer, conversar, ponerse de acuerdo o vivir

El arte de escribir va unido a otras disciplinas como el arte de escuchar o de leer. Puede parecer extraño pensar en el arte de la escucha, pero tengamos en cuenta que cualquier aspecto de nuestra vida cotidiana puede ser arte dependiendo del punto de vista desde el que lo analicemos. ¿Acaso no es arte escuchar atentamente y llegar a conclusiones que convertiremos en posibles obras o creaciones sean del tipo que sean? ¿Dónde empieza el arte, en el momento de la creación o en el momento de la gestación?

Así como estamos hoy en día, con la cantidad de conflictos cercanos (digo cercanos porque lejanos, o que creemos lejanos, siempre hemos vivido) que solo al despertarnos nos martillean el cerebro y nos recuerdan que todo está mal y que nada tiene ya solución, digo que viviendo diariamente este tipo de vida digámosle “conflictiva”, puede que sea una opción empezar a escuchar y a escuchar y a escuchar más y más, antes de hablar y, sobre todo, antes de sufrir. Podemos hablar del arte de sufrir, aunque estaría mejor a mi parecer analizar el arte de no sufrir, ¡ese sí que es un arte!

¿Qué tipos de arte, reconocidos, hay? La escritura, la música, las artes plásticas, las artes escénicas, la gastronomía… Aunque la gastronomía, ¿es arte o es simplemente cultura? ¿Qué diferencia hay entre el arte y artesanía? ¿Y la cultura? No sé si pueden confundirse los tres, bueno sí que lo sé, pueden confundirse. También he hablado al principio del arte de leer, que se parece al de escuchar que ya hemos analizado, pero ¿y el arte de mirar? Cuando vamos al cine, miramos una película, ¿estamos también haciendo arte? Porque toda esa información que sumamos a nuestras ideas, a nuestras ideologías, a nuestros sueños… ¿Están formando un algo especial que nos convierte en creadores de nuevas ideas, de nuevas ideologías, etc? O puede que seamos tan impermeables tantas veces, que no dejamos penetrar nada nuevo. ¿Es arte dejarse convencer?

Alguien podría decirme, ¡es que así todo es arte…! Y es que ¿todo es arte? Pues volvemos a la idea inicial, todo puede ser arte según desde qué punto de vista lo analicemos. Siempre se ha hablado que dónde está el límite, especialmente en cuanto a las artes plásticas, que si el arte contemporáneo no es arte, que así todo vale… Pero es que el arte y la cultura forman parte de nosotros como seres humanos, así que si no entramos en los tipos convencionales y ampliamente aceptados, es nuestra obligación entrar en otros, obligación no sería la palabra, es nuestra naturaleza, no podemos evitarlo, acabamos haciendo arte sin darnos cuenta.

Así que, imaginaros si es arte el contemporáneo o si lo es la gastronomía o si lo es la artesanía, claro que lo son, porque crean, buscan, expresan, sueñan, porque abandonan por un momento este mundo irreal que es el que vemos sin mirar y oímos sin escuchar, este mundo de saber sufrir y no saber dejar de sufrir, incluso de sufrir sin tener porqué, por costumbre, por creerme todo lo que me dicen, por vivir lo que me obligan a vivir (eso sí que es obligación). ¿Qué es lo que está bien hecho? ¿Qué es lo que “toca hacer” a cada momento? Este es un tema aparte del que podríamos hablar largamente. ¡Ai mira, otro arte! Conversar. Pues como decía, ¿quién dicta qué está bien o qué está mal? ¿El presidente, la presidenta del gobierno, la directora, el gerente, Dios, el cura, los padres, el presidente de la escalera, los poetas, las líderes de lo que sea, los políticos…? No tiene ningún sentido, lo debemos dictar entre todos y además va cambiando y además debemos ponernos de acuerdo. ¡Otro más! Ponerse de acuerdo. Arte de mucho mérito además, que puede crear obras de gran utilidad y de enormes beneficios.

Ahora toca ir eligiendo cada vez donde va tocando hacer arte, hay infinitas posibilidades, podemos empezar por la de ponernos de acuerdo con los que nos rodean, que ya es una gran trabajo, para ello debemos empezar por escuchar y por dejarnos convencer, además antes tenemos que estar muy bien entrenados en aprender a no sufrir y, si sufrimos porque esta vez toque (a veces toca), aprenderemos a sacarle algún provecho al sufrimiento, que ese es en definitiva el arte de vivir.

Maria Rotger