LA EDAD, UNA ALIADA DE TU BELLEZA

Cuando hablamos de sentirnos guapos, a veces lo relacionamos con el hecho de sentirnos jóvenes. Se habla de belleza y juventud como dos partes de la misma moneda.

Aunque esa no es la realidad, ya que no existe una relación directa entre belleza y juventud.
Al contrario, en la edad podemos encontrar muchos factores que se van añadiendo a nuestro ser y que nos hacen más bellos.

ENCONTRARSE A SI MISMO

Como hemos tratado en otros artículos de este blog, para poder hacer aflorar un bienestar efectivo, debemos sacar la verdad de nuestro interior.

Es importante no mentirnos, sino aceptar la realidad y trabajar a partir de ella.

Eso no significa que no debamos querer más o buscar otras cosas, ya que tener ilusiones y luchar por ellas es una parte esencial de la vida.

Sino que no hay que dejar que las frustraciones nos ganen la batalla y que precisamente dejemos de querer más por la única razón de no aceptar cómo somos y el material que tenemos para seguir adelante.

Nuestro cuerpo, nuestra forma de respirar, nuestros pensamientos más íntimos y auténticos.

Como en cualquier aspecto vital, no podemos generalizar ya que cada persona camina desde puntos de partida diferentes, aunque es muy habitual que en la juventud la tendencia sea la de copiar aquello que nos gusta de otras personas, porque puede que todavía no hayamos tenido las oportunidades ni el tiempo suficientes para encontrar nuestros verdaderos gustos y nuestra búsqueda genuina.

Por eso, la edad nos aporta ese tiempo y esas vivencias necesarias para pasar de copiar a cada vez ser más nosotros.
Además, esta falsa relación de belleza y juventud, nos hace querer cosas tan absurdas como alargar la juventud.

Podemos cuidarnos porque nos gusta y porque nos hace sentir bien, pero siempre desde la aceptación de la evolución de la vida y de sus fases. Nos cuidamos porque queremos sacar lo mejor de esas etapas, no para retroceder en ellas.

SENTIRSE BIEN

Como la belleza puede manifestarse de muchas formas, además de depender de la persona que vaya a considerarla en cada momento:

La esencia de ser bello es sentirse bien

¿Cuantas veces nos ha pasado que un día nos sentimos especialmente bien y eso hace que nos veamos más guapos?

Además, cuando nos sucede esto, solemos cuidarnos mejor, nos arreglamos más y nos brillan los ojos.

Otra prueba más que la belleza surge desde el interior:

La belleza es una cuestión de actitud, que luego se manifiesta en el exterior

La felicidad, en definitiva, está relacionada muy estrechamente con la calma y la tranquilidad, que son estados que muchas veces necesitamos aprender a conseguir.

La edad debería servirnos para entender mejor dónde está la felicidad, no a la inversa.

Oímos a muchas personas mayores decir cosas como “a mi edad, eso ya me da igual” o “ya estoy de vuelta de todo eso”.

Porque es así: al envejecer hay cosas que con la edad ya no nos preocuparán como nos preocupaban. Y eso nos aportará el tan necesario sosiego.

SABER QUÉ HACER, QUÉ USAR Y CÓMO CUIDARNOS

La experimentación es necesaria para poder comprobar la utilidad de los productos que nos aplicamos para cuidarnos, también para saber qué procesos necesitamos y para comprobar con el ensayo efectivo aquello que realmente nos sirve.

Como ya he comentado alguna vez, una dermatóloga me dijo una vez que la única que convive cada día con mi piel soy yo misma, así que soy yo quien puede conocerla realmente.

Así que es indudable que los años, en esto, son los que nos sirven de guía. Cuantos más años:

  • más experimentos habremos hecho
  • más veces nos habremos equivocado
  • y más sabremos sobre nosotros mismos.

LA BELLEZA ES EQUILIBRIO

Y la madurez también es equilibrio.

Cuanto más equilibrados consigamos estar, por supuesto en nuestro interior, mejor nos veremos y mejor nos sentiremos.

La madurez llega a unas personas a una edad, a otras a otra edad y a otras puede que nunca del todo, pero sea como sea, la madurez implica tiempo y el tiempo en las personas significa edad.

Los años nos aportan sabiduría gracias a la veteranía y a la práctica de vivir. Y precisamente este aplomo es el que nos puede aportar belleza, tanto en nuestro rostro como en el resto del cuerpo, si aprendemos a interiorizarlo.

La edad pone las cosas en su sitio y nos debería aportar cada vez más amor hacia nosotros mismos. Esta es la base auténtica de la belleza. De la belleza real y natural, claro.


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