Expresarse más allá de las palabras

La situación comunicativa es básica a la hora de transmitir información, pero los aspectos no verbales juegan también un papel muy importante. Junto a los elementos lingüísticos y situacionales, ayudan a configurar nuestro mensaje. Poyatos (1994) los divide en cuatro grandes categorías: proxémicos, quinésicos, cronémicos y paraverbales.

Elementos proxémicos. El espacio.

En la sociedad norteamericana, la distancia mínima en un espacio personal es de un brazo extendido, mientras que en las culturas occidentales europeas se reduce a unos cincuenta centímetros y en algunas culturas africanas incluso puede llegar a los veinte centímetros.

Los participantes en una acción comunicativa tienen, en ocasiones, espacios asignados de los que no es adecuado salir (alumnos y profesor/ juez, fiscal, abogado, acusado, víctima) o incluso existen espacios sociales donde no está permitido entrar (jardines con césped, la habitación de una persona).

Los elementos proxémicos hacen referencia al espacio, a la manera en que lo concebimos a nivel personal, dependiendo también de nuestros interlocutores y del lugar donde se desarrolla la interacción.

La gestión que hacemos de nuestro espacio individual viene en principio condicionada por las reglas culturales de nuestra sociedad. Hall distingue entre situaciones íntimas, personales, sociales y públicas, en las que cada comunidad presenta un espacio aceptable que se debe respetar.

A pesar de esto, cada individuo también gestiona su propio espacio de acuerdo a sus intenciones comunicativas. En un intercambio podemos acercarnos a nuestro interlocutor o alejarnos de él, con el fin de resultar más persuasivos o confidenciales, o por el contrario más distantes y desinteresados. Mediante la gestión del espacio podemos también intentar conseguir la atención de alguien o alterar los papeles sociales de los interlocutores. Por ejemplo, el profesor puede optar por sentarse entre los estudiantes cuando uno de ellos realiza una presentación oral frente al alumnado.

Elementos quinésicos. Los movimientos corporales.

Los movimientos corporales son elementos quinésicos. Según Poyatos (1994) podemos distinguir entre gestos, maneras y posturas. Los gestos son movimientos faciales y corporales, las maneras son las formas convencionales de realizar las acciones y las posturas son las posiciones estáticas comunicativas. A través de estos elementos podemos mostrar nuestras actitudes en la interacción, como interés, aburrimiento, indiferencia, ansiedad, etc. Algunos autores han elaborado listas de gestos que demuestran conductas cálidas tales como mirar a los ojos, tocar la mano, sonreír, hacer muecas, sentarse frente a alguien, levantar las cejas, hacer gestos expresivos con las manos, lanzar miradas rápidas, frente a conductas frías como mirada gélida, burla, bostezo, ceño fruncido, alejamiento, mirarse las uñas, sacudir negativamente la cabeza, hacer sonar los dedos, pasear la mirada por la habitación.

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Los gestos y las maneras también están relacionados con el estatus social del individuo, de tal modo que dependiendo de la situación comunicativa y de nuestro papel social en la misma deberemos respetar una serie de reglas quinésicas.

Estas reglas obviamente también varían de una cultura a otra. A continuación aparece un cuadro resumen de la conducta quinésica que se suele respetar en función del estatus y del poder social del individuo.

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Extraído de Casalmiglia y Tusón 2002, p. 41.

Elementos cronémicos

La cronémica se define como la concepción, la estructuración y el uso que el ser humano hace del tiempo. Generalmente, entre estos elementos se incluyen el tiempo conceptual, el social y el interactivo.

El conceptual es la forma en que se concibe y distribuye el tiempo en cada comunidad. La concepción del tiempo varía de una cultura a otra y cada una presenta una actitud diferente respecto a él. En la cultura occidental el tiempo es algo valioso, que no está permitido desperdiciar, de ahí que en muchos casos se puedan utilizar diminutivos o adverbios mitigadores, un minutito, acabo rapidito, prontito.

El tiempo social se refiere a la gestión del tiempo en las relaciones sociales, a la estructuración de las actividades según el momento del día y a la duración que se presupone de las mismas (no es lo mismo visitar a unos amigos por sorpresa, que haber sido invitados). Los espacios de inactividad o silencio comunicativo también son gestionados de manera diferente dependiendo de la cultura en la que nos encontremos. Así, en las culturas occidentales el silencio entre dos desconocidos que comparten el mismo espacio es insoportable durante mucho tiempo, mientras en las culturas orientales el silencio se entiende como una muestra de respeto hacia nuestro acompañante.

Finalmente, el tiempo interactivo hace referencia a la duración de los signos que tienen valor informativo, bien porque refuerza el significado de sus elementos o bien porque especifica o cambia su sentido. Se pueden considerar parte de este tiempo la duración de las sílabas o de las pausas con las connotaciones que conlleva, la velocidad a la que se pronuncian ciertos enunciados, la duración de gestos y posturas, como un abrazo o un beso prolongado que comunica un mayor afecto, etc.

El estudio del tiempo interactivo requiere una investigación extensa y pormenorizada del resto de los sistemas de comunicación no verbal y ha recibido menos atención que los anteriores.

Elementos paraverbales

Son elementos vocales que no necesariamente se consideran lingüísticamente como parte de la lengua. Nos referimos a la calidad de la voz y a los sonidos vocálicos y consonánticos que se emiten a través de los órganos fonadores y que no son palabras (gruñidos, asentimientos, negaciones, onomatopeyas).

La voz presenta una serie de cualidades tales como el tono, el timbre, la cantidad y la intensidad. Estos elementos aportan componentes inferenciales que pueden determinar la información o matizar el contenido de un acto comunicativo. Por ejemplo, la interjección ¡Ah! se utiliza para expresar entendimiento, conformidad, desilusión o sorpresa, mientras que un enunciado como pensé que eras de otra forma puede comunicar desilusión, sorpresa grata o desprecio, dependiendo del tono en el que se emita y de la duración de algunos de sus sonidos. Por otro lado, los modificadores fónicos o tipos de voz dependen de la posición que adopten los órganos fonadores y articulatorios, y también contienen componentes inferenciales que especifican o matizan el contenido de los enunciados. Por ejemplo, el enunciado del ejemplo anterior varía notablemente dependiendo de si se pronuncia con voz murmurada, temblorosa, susurrada, con voz chillona o con voz ronca.

Vocalizaciones

Son sonidos que no constituyen palabras pero que se utilizan para comunicar, bien solos o bien en combinación con otros signos paralingüísticos, quinésicos o verbales. Entre estos podemos incluir la risa, el sollozo, el suspiro, el grito, la tos o el carraspeo, los elementos casi léxicos que sirven para asentir como las interjecciones (¡Ah!, ¡Ay!, ¡Ajá!), las onomatopeyas (Glu-glu, Mua-mua, Miau, Guau), las emisiones sonoras como roncar, resoplar, gemir, etc, así como otros sonidos (Uff, Hm, Iaj, Ps, Ouu) que manifiestan reacciones fisiológicas, emocionales o interaccionales.

Poyatos (1994) los denomina diferenciadores paralingüísticos y Nussbaum (2001) gruñemas. Todos ellos tienen gran rendimiento funcional y suma importancia en la comunicación cotidiana. Un ejemplo podría ser un grito, que puede significar miedo, alegría, sorpresa.