Revisión de traducciones

El trabajo de revisión sigue un proceso muy claro, para conseguir que el texto final sea el que marca su propio objetivo.

Para empezar, el traductor debe entregar una traducción ya revisada. El propio servicio de traducción solo puede considerarse de calidad si incluye la revisión del mismo traductor. El traductor que revisa su propio texto, indica si le surgen dudas y si hay que realizar algún tipo de investigación o preguntar al cliente, aunque nunca se debe hacer descansar la entrega de una traducción en una eventual respuesta del cliente, ya que este no tiene por qué saber contestar a las dudas planteadas. Por eso, en este caso, el traductor debe proponer la mejor solución, ya que no se puede entregar una traducción con partes sin traducir porque no se conozca la respuesta.

Un buen traductor entrega la traducción acabada completamente, tenga dudas o no, y revisa bien el texto final varias veces separadas en el tiempo antes de entregar su trabajo. Además, todo esto se cumple dentro del plazo estipulado por las partes.

En algunos casos, las traducciones requieren revisión posterior, por parte de un segundo traductor, lingüista o especialista, por diferentes circunstancias, como que sea un texto especializado o que se tengan que aplicar ciertos criterios por parte de un segundo profesional. En este caso, el revisor debe recibir el texto original y el texto resultante, ya traducido, para poder ir comparando cada frase y cada palabra con detalle.

Si el revisor detecta algún fallo o alguna incoherencia, lo indica de forma convencional, mediante un sistema de control de cambios o cualquier otro que se haya pactado, para que las modificaciones, a modo de sugerencias, se puedan realizar de forma fácil y clara.

Por parte del revisor, hay que tener en cuenta que un cambio lleva a otro, ya que si modificamos un parte del texto, debemos saber que está relacionado con otras, que se verán afectadas a la hora de seguir con el discurso, así que deberán adaptarse a la nueva situación. Se trata de conservar la concordancia y la coherencia interna, de todo el contexto implicado.

Una vez acabado el trabajo y de la misma forma que el traductor revisa su traducción, el revisor también debe recapitular su tarea y comprobar la revisión.

Al acabar todas estas partes, el revisor comenta con el traductor su trabajo, para decidir entre los dos los cambios necesarios. Si llegan a algún punto en el que no se ponen de acuerdo, el gestor de proyecto o project manager puede intervenir para encontrar la mejor solución entre los tres.

Finalmente, el traductor o el gestor de proyecto, uno de los dos, introduce las correcciones indicadas por el revisor que hayan quedado fijadas después de todo este proceso.